INICIATIVAS SUSTENTABLES.

 

 

¿Y con las pilas qué hacemos?

Compuestas por mercurio, cadmio y plomo, entre otros metales, las pilas en general terminan en los rellenos sanitarios. Debido al paso del tiempo y la acción climática, pierden sus cubiertas, sufren corrosión y empiezan a liberar líquidos (lixiviados) que impactan negativamente sobre el ambiente y la salud de las personas. ¿Qué hacer con las pilas una vez que se termina su vida útil? ¿Las tiramos a la basura? ¿Las guardamos en un cajón? En la actualidad no hay una legislación específica a nivel nacional o provincial que plantee qué hacer con las pilas y baterías una vez finalizada su vida útil. “Hoy por hoy la alternativa es depositar las pilas en los cestos con el resto de los residuos”, se lamenta Daniela López de Munain, estudiante avanzada de la Licenciatura en Ecología de la UNGS y becaria de investigación y docencia del área de Ecología del Instituto del Conurbano (ICO). Tampoco es recomendable el acopio. “Es bastante común guardar las pilas, pero esta acumulación de residuos puede liberar líquidos y traer aún más complicaciones que soluciones”, asegura López de Munain. Para conocer cómo es la gestión de pilas y baterías usadas en el Región Metropolitana de Buenos Aires, López de Munain y Raquel Bielsa, investigadora docente del ICO, hicieron un relevamiento en 25 partidos. Encontraron que siete de estos partidos tienen planes de gestión de pilas usadas, “aunque en todos los casos no queda muy claro qué se hace con ellas”. En resumen, los especialistas recomiendan tirar una pila por semana con el resto de la basura, a menos que el municipio en el que se resida tenga un plan de gestión para este tipo de residuos.

 

Energía solar

Se están terminando de instalar, en el techo del Laboratorio de Ingeniería del Instituto de Industria (IDEI), 12 paneles solares de una potencia de 100 watts cada uno, para proveer energía eléctrica al Laboratorio de Impresión 3D en caso de falta de abastecimiento de la red. “El objetivo es que no haya interrupciones de energía cuando las impresoras 3D estén trabajando. Si una impresora está fabricando una pieza que lleva 40 horas y ocurre una falla eléctrica, hay que desechar la pieza y volver a empezar. Se pierde tiempo y dinero”, cuenta el ingeniero electromecánico Maximiliano Véliz, investigador docente del área de Ciencias y Tecnologías Básicas del IDEI. La idea es que cuando las impresoras no estén funcionando, la energía proveniente de los paneles solares pueda ser utilizada, por ejemplo, en la iluminación de las salas. Luego de que se termine la instalación de todo el sistema fotovoltaico, los integrantes del proyecto se proponen brindar capacitaciones a docentes de escuelas técnicas y trabajar con estudiantes secundarios con el objetivo de concientizarlos sobre el problema de la eficiencia energética. Los paneles fueron instalados en el marco del servicio “Mejora de formación en ciencias exactas y naturales en la escuela secundaria”, que cuenta con financiamiento de la Secretaria de Políticas Universitarias.