INVESTIGACIÓN.

 

Desde el inicio de la crisis sanitaria que desde hace quince meses sacude al país y al mundo entero, la UNGS multiplicó sus esfuerzos para adecuar el conjunto de sus actividades (empezando por las formativas) a la nueva situación, pero también para reorientar muchas de sus líneas de investigación en pos de contribuir a la generación de conocimientos significativos para entender mejor lo que está pasando y para ayudar al despliegue de políticas públicas más informadas y mejores. Noticias UNGS conversó sobre esto con la secretaria de Investigación de la Universidad, Paola Miceli.

 

-¿Cuál es el papel que juegan la ciencia y la tecnología en momentos de crisis, como la que se está atravesando a nivel mundial?

-La pandemia ha puesto en evidencia el lugar clave de la ciencia, la tecnología y la innovación para hacer frente a la crisis actual. No solo porque estas nos permiten afrontar de modo eficaz los desafíos que a nivel de salud pública nos presenta el Covid-19 (fabricación de vacunas, detectores del virus, formación de profesionales médicos, entre otras cosas), sino porque los retos que la pandemia y la post-pandemia han instalado en materias tales como las telecomunicaciones, la educación, el trabajo a distancia, la transferencia tecnológica y la reconversión industrial son gigantescos.

 

-¿Creés que en este contexto de crisis quedó en evidencia la necesidad de contar con un sistema nacional de ciencia y técnica que pueda dar respuestas?

-Obviamente. A nivel nacional y a nivel mundial lo que nos muestra la pandemia es la necesidad de que la inversión en investigación sea sostenida en el tiempo para fortalecer el sistema de Ciencia y Técnica.  En la Argentina esa inversión se interrumpió en 2015 y se reanudó recién a fines de 2019. En nuestro país vivimos durante el gobierno de Macri una política sistemática, por parte del Estado, de desprecio por la inversión en Ciencia, Tecnología e Innovación. Consecuencia de esta política fue la eliminación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y su degradación a Secretaría de Estado dependiente del Ministerio de Educación en el año 2018. Un cambio radical se advierte respecto de la política de Ciencia y Técnica con la asunción a fines de 2019 del presidente Alberto Fernández. El viraje radical de la política de inversión en investigación permitió una respuesta cabal a la crisis Covid-19 desde los organismos estatales, que abrieron un amplio abanico de subsidios para enfrentar la pandemia. A poco de iniciarse la misma, el gobierno de Fernández-Fernández creó la Unidad Coronavirus que articula al repuesto Ministerio de Ciencia y Tecnología, al CONICET y a la Agencia Nacional I+D. Esta Unidad se organizó con el propósito de que el sector de Ciencia y Técnica responda de modo sistémico y coordinado a los desafíos que impone la pandemia, y disponga las capacidades de desarrollo tecnológico que puedan ser requeridas para realizar tareas de diagnóstico e investigación sobre el Covid-19. De allí salieron varias convocatorias para financiar proyectos científico-tecnológicos con el objetivo de contribuir al fortalecimiento del sistema público en la atención de la pandemia del Covid-19 y mejorar la capacidad nacional de respuesta a la pandemia en el país ya sea a través del diagnóstico, el control, la prevención, el tratamiento, el monitoreo u otros aspectos relacionados con el Covid-19. Otra convocatoria sumamente interesante de la Agencia fue el PISAC-COVID que ponía el eje en la promoción de proyectos de investigación en el campo de las Ciencias Sociales y Humanas para la generación de nuevos conocimientos enfocados en el estudio de la sociedad argentina en la pandemia y, en especial, en la postpandemia del Covid-19. Esta convocatoria en particular tenía un plus muy interesante: promovía la presentación de proyectos de investigación asociativos, es decir que debía involucrar nodos de distintas Instituciones de Ciencia y Tecnología. Creo que este es también un punto clave y un desafío muy importante a futuro: la integración de la investigación a nivel nacional, con carácter federal, pero también a nivel internacional.

 

-Y dentro de ese sistema están las universidades nacionales. ¿Cuál dirías que fue su aporte en el marco de esta pandemia para dar respuestas?

-En términos generales me gustaría decir que las universidades nacionales aportan muchísimo al desarrollo de la investigación en Argentina. A veces en los índices de Ciencia y Técnica vemos el lugar preponderante que se le da al CONICET u otros organismos públicos y se desconoce un poco el rol clave que cumplen las universidades argentinas en la producción científica en todos sus aspectos. Es claro que el CONICET tiene un rol estratégico, pero no debemos olvidar que el 59% de los investigadores y las investigadoras de la Argentina tienen su radicación en universidades nacionales, y que casi el 80% de los investigadores y las investigadoras del CONICET se encuentran radicados y radicadas en universidades. Quiero enfatizar muy especialmente esto: las universidades son espacios de formación pero también de investigación en nuestro país, y es fundamental desarrollar políticas para financiar la Ciencia, la Tecnología y la innovación en las Universidades dado su rol en la construcción de conocimiento como actores con un importante anclaje territorial   en   todas   las   regiones   del   país,   con amplia   capacidades   de intervención sociocomunitaria y con formas variadas de extensión, transferencia de conocimientos producidos  por  las  actividades  científicas,  tecnológicas  y  artísticas. En el marco de la pandemia, el sistema universitario tuvo y tiene un rol protagónico. Las universidades dispusieron sus infraestructuras para la producción de insumos (como alcohol en gel, máscaras y tapabocas, otro material de uso preventivo, etc.), así como sus laboratorios y sus investigadores/as al servicio de las necesidades de conocimiento básico y aplicado sobre el Covid-19 tanto en lo que concierne a las cuestiones de salud como a las problemáticas sociales y humanas que la pandemia nos presenta como humanidad. Las universidades públicas, tan denostadas y desprestigiadas por el macrismo, muestran una vez más su importancia para hacer frente a situaciones de crisis; aún “arrastrando” el desfinanciamiento de la política neoliberal del macrismo, en 2020 y 2021 pudieron producir respiradores (como la Universidad Nacional de Rosario, máscaras y tapabocas 3D (como la UNGS y UNLaM), desarrollar de Kits serológicos (UNPaz), avanzar en investigación de política sanitaria específicas y también de monitoreo y de acompañamiento a los sectores más vulnerables en pandemia (UNGS). Y estoy poniendo solo algunos ejemplos. Lo que quiero resaltar es el valor de la investigación de la Universidad pública argentina y sus respuestas de cara a una sociedad que requiere respuestas inmediatas.

 

-Durante 2020, varios equipos de investigación de la UNGS comenzaron a trabajar en proyectos relacionados con el estudio del impacto de la pandemia en distintas áreas. ¿Este tipo de iniciativas pueden hacer un aporte a la construcción de políticas públicas?

-¡Claramente! Los equipos de la UNGS tienen una enorme ductilidad y un gran compromiso a la hora de repensarse para poder salir a dar respuesta con sus investigaciones a una demanda social; esto se evidencia en que en todas las convocatorias vinculadas con el Covid-19 tuvimos presentaciones y conseguimos financiamientos. Y todo pudo hacerse en tiempo record. Desde la Secretaría de Investigación de la Universidad y desde los Institutos se promovió fuertemente la presentación en estas convocatorias y se hizo un importante acompañamiento para facilitarles todo lo posible a los investigadores y las investigadoras la presentación de proyectos. Uno de los rasgos distintivos de la investigación en la UNGS, y que queda plasmado en los temas de los proyectos subsidiados en las distintas convocatorias, es la preocupación por articular la investigación con el desarrollo de políticas públicas. En este caso puntual, y como señalamos ya en alguna otra nota, estamos seguras que las investigaciones colaborarán en minimizar el impacto de la pandemia. En áreas sumamente relevantes como lo son la educación, los sectores productivos, el mercado de trabajo y la salud, investigadores e investigadoras de la UNGS están dando respuestas a necesidades específicas, para proteger y mejorar la calidad de vida de la comunidad en este marco tan hostil para la humanidad en general. Si bien muchos de estos proyectos tienen una clara matriz de vinculación con el territorio y una preocupación por resolver problemas del ámbito local y regional, sus resultados siempre sirven como experiencia, sobre todo en este mundo en el que la pandemia igualó muchas problemáticas, para abordar problemas semejantes en otras latitudes.

Me gustaría señalar también que en la UNGS se investigan muchos otros temas además de los vinculados con la pandemia, y es muy importante incentivar la pluralidad temática y de abordajes. Construir una agenda de investigación requiere mantener un equilibrio complejo entre una política estratégica de investigación de la Universidad, la “demanda” social para la resolución de problemas específicos y la decisión de los propios investigadores y las propias investigadoras sobre qué temáticas indagar. Estos tres ejes son fundamentales para sostener una política de investigación relevante y de calidad. La relevancia de una investigación no radica solamente en su capacidad para dar respuesta inmediata a un problema social (esto atañe a algunas disciplinas o a proyectos específicos de Desarrollo Tecnológico y/o Social o de Innovación), sino también en su idoneidad para cuestionar saberes, discutir el sentido común, abrir nuevos horizontes para el pensamiento. Existen, como señala, Judith Sutz, investigaciones de “relevancia diferida”, es decir aquellas cuyos “resultados” no se advierten en el aquí y ahora sino que pueden tener impacto en años o incluso siglos: los desarrollos teóricos de la física, la matemática, la filosofía, solo por poner algunos ejemplos, pueden aplicar a esta idea de “relevancia diferida”, y no por ello debemos dejar de promoverlos en la Universidad. En este sentido, en la UNGS tenemos equipos muy consolidados de investigación tanto para el desarrollo de proyectos que permitan ayudar a resolver problemas sociales más inmediatos como para la investigación cuyo efecto es a largo plazo sobre el pensamiento y las formas convencionales en las que entendernos el mundo actual. Esta diversidad hace de la UNGS un espacio de pensamiento y de investigación dinámico y heterogéneo que aporta mucho al fortalecimiento de la universidad pública como ámbito de construcción de un saber plural y democrático.