HOMENAJE AL PROFESOR JOSÉ PABLO MARTÍN, POR EDUARDO RINESI.

José Pablo Martín nació en San Juan, leyó a Aristóteles y tradujo a Filón de Alejandría, y alguna vez, charlando entre amigos un poco en broma y un poco en serio, como lo hacía casi siempre, sugirió que era por esas tres cosas que quería ser recordado. Fue un artífice fundamental de la Universidad Nacional de General Sarmiento, de la que fue el primer secretario académico, en la que cumplió, siempre con extraordinario compromiso, las más diversas y variadas responsabilidades institucionales, y a la que consagró sus mejores horas de trabajo, de investigación y de enseñanza durante los últimos veinte años. Fue profesor titular de Filosofía en el Instituto del Desarrollo Humano, y en los últimos años fue distinguido primero como Profesor Consulto y luego como Profesor Emérito de la Universidad. Sus colegas, sus discípulos, sus estudiantes de Metafísica, de Gnoseología, de Antropología Filosófica, de Filosofía Antigua y Medieval, se vieron conmovidos y desolados por la noticia de su muerte, ocurrida en los primeros días de este año.

La trayectoria intelectual de José Pablo Martín describe un camino en el que dejaron sus huellas la evolución de sus propias búsquedas filosóficas y los dramáticos movimientos de la historia nacional. Años atrás, cuando recibió de la Universidad el cargo de Profesor Consulto, el propio José Pablo reconstruyó ese camino en un texto extraordinario, que luego se convirtió en un libro: La pretensión de pensar un mundo en movimiento. Se trata de un sorprendente ejercicio de revisión retrospectiva, reflexiva, crítica, de un itinerario intelectual, cuyo propio protagonista recrea destacando las continuidades y los impasses, las indagaciones iniciadas, interrumpidas por las más diversas circunstancias y luego retomadas, o a veces abandonadas para siempre, la motivación constante (hay una frase impresionante de José Pablo, que dice que toda su vida lo acompañó una pretensión: la de encontrar “la paz del alma en la identificación de alguna cosmovisión filosófica a partir de la cual comprender el mundo y orientar la vida”) y la comprensión del necesario fracaso de semejante expectativa, la seducción de la coherencia (la de San Buenaventura y la de Hegel, la del tomismo y la del estructuralismo, ese “otro tomismo”, como dice por ahí) y la seducción, opuesta, de la libertad, las lecturas de sus años de estudio en Roma y en Maguncia, desde las requeridas por la marcha de sus investigaciones más formales hasta las motivadas por una inquietud que lo condujo a examinar el marxismo y la fenomenología, el psicoanálisis y la teoría crítica. Y sus dos descubrimientos fundamentales: el de Filón, al que lo llevó su estudio de las transposiciones lingüísticas entre la filosofía griega, la literatura cristiana y el mundo moderno, y el de Aristóteles, al que lo dirigió su frecuentación de Heidegger y de Ricoeur.

Pero además de estas evoluciones de su pensamiento, José Pablo daba cuenta aquella vez del impacto de otros elementos, que forman parte de la “historia externa” de sus indagaciones, pero que incidirían decisivamente sobre ellas: desde los cambios operados en la Iglesia a partir de un Concilio llamado a tener enormes efectos en todas partes y sobre todo en América Latina hasta la marcha de las luchas políticas (y, si podemos decirlo así, “teológico-políticas”) en nuestro país. Aquí, de vuelta de sus incursiones en la vida académica europea, José Pablo se ocupó sobre todo de dos asuntos principales. Uno, desde su decisivo libro sobre El movimiento de sacerdotes para el Tercer Mundo(1992, reeditado por la UNGS en 2010), el estudio de la historia del catolicismo argentino, al que se dedican también La Iglesia Católica Argentina (2008) y Ruptura ideológica del catolicismo argentino(2013), ambos editados por la UNGS. Por cierto, esta preocupación no hizo a José Pablo descuidar las evoluciones más recientes del pensamiento del papado, sobre las que pueden destacarse sus artículos “Ratzinger versus Kant”, publicado en Le Monde Diplomatique, y “Catolicismo y papado”, aparecido en una colección de ensayos de investigadores de la UNGS en el diario Página 12: si en el primero José Pablo destacaba y rechazaba la oposición del papa alemán al ideario de la Ilustración, en el otro señalaba la más sutil operación por la que el papa argentino recurría a la figura, típicamente humanista, de la “revolución copernicana”, pero no ya para decir, como Kant, que había que dar vuelta las cosas para poner al hombre en el centro de nuestras preocupaciones, sino para sugerir que había que volver a darlo vuelta todo para desalojar al hombre de ese sitio en el que lo habían puesto su ambición y su arrogancia y dejar que a ese lugar de privilegio volviera a ocuparlo Dios.

Jos+® Pablo Paella y V_optEl otro asunto al que consagró José Pablo una parte de sus esfuerzos de estas últimas décadas fue la construcción, puesta en marcha y sostenimiento de la vida académica e institucional de la UNGS, donde cumplió, siempre con increíbles dedicación, buen humor y afán pedagógico, las funciones más diversas y más relevantes, entre las que no seríamos justos si no recordáramos la organización de las proverbiales reuniones gastronómicas que animó durante años con los colegas y estudiantes de sus cursos, que se convertían, por el arte de su convocatoria y de su culinaria, en protagonistas de una reiterada ceremonia de confraternidad que nadie que las haya protagonizado deja de recordar con reconocimiento y gratitud. Los mismos sentimientos nos inspiran su dedicación a la investigación y el compromiso con el que durante todos estos años, incansablemente, y por cierto que mucho más allá de lo que nadie podría haberle exigido, José Pablo asumió la tarea fundamental de la formación de sus estudiantes. De sus estudiantes de grado, a los que dedicó una pasión y un esfuerzo que son un ejemplo, una enseñanza y una obligación para todos nosotros. De los jóvenes que, completados sus estudios, continuaron con él sus lecturas y su trabajo. De los colegas ya más maduros a los que nunca dejó de privilegiar con su apoyo, su consejo, su erudición y su interés siempre renovado por las cosas. José Pablo Martín fue un profesor notable, un académico de primera línea y un intelectual sobresaliente. Una referencia fundamental en amplios campos del debate de nuestro tiempo. Un espíritu crítico, abierto y generoso. Un orgullo para nuestra Universidad y para todos los que la integramos. Vamos a extrañarlo con afecto y a recordarlo con admiración.

Eduardo Rinesi

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